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Por Raúl
Trejo Delarbre
R. Trejo Delarbre, investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México, periodista y director de
"etcétera", y es autor del libro "La Nueva Alfombra Mágica. Usos y mitos de Internet, la red de redes" (Fundesco, Madrid, 1996).

¿Quieres mandarle un e-mail?

Dichas y riesgos del correo electrónico
¿Intrumento o manía de trabajo?
(23-9-99)

Entre las adicciones que provoca la Internet, seguramente la del correo electrónico es la más frecuente. ¿Cuántos de nosotros experimentamos la compulsiva necesidad de consultar varias veces al día el buzón para saber si tenemos nuevos mensajes? Esa necesidad, creada por el deseo ya no de estar al día sino al minuto pero además exagerada gracias a las nuevas capacidades tecnológicas, permite una mayor y casi instantánea comunicación con nuestros socios, clientes o amigos. Pero además, el correo electrónico se puede convertir en una manía capaz de quitarnos tiempo en vez de ser un instrumento de trabajo.

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Tom Hanks abría a cada rato su correo en la película Tienes un e-mail, pero porque detrás de la línea estaba Meg Ryan. Sin embargo, pocas veces hay razones tan consistentes para estar pendientes del buzón electrónico.

En los Estados Unidos, se estima que cada día 30 millones de personas emplean el correo electrónico. El 57% de los ejecutivos en las empresas, lo utilizan cotidianamente. Entre los adultos que tienen acceso a la Internet, el 59% abre su buzón electrónico al menos una vez al día (según datos del Web site journal, del 14 de junio de 1999).

El apremio para recibir nuestros mensajes al momento es tal que ahora, en aquella nación (supongo que también en España y algunos sitios de América Latina) hay empresas que ofrecen trasladar al teléfono móvil de carácter digital los mensajes recibidos en nuestra cuenta de correo electrónico. El celular se convierte, así, en instrumento no sólo para escuchar, sino además para leer lo que nos dicen.

Lamentablemente la cantidad de mensajes no deseados es tal que es muy seguro que quienes aprovechen esa modalidad, encontrarán el móvil lleno de anuncios extravagantes, ofertas inverosímiles y hasta mensajes extraviados como los que cada vez abundan más en el correo electrónico. Así que vale la pena pensarlo dos veces, antes de contratar un servicio que podría complicar, en vez de aligerarnos la vida.

Como quiera que sea, el correo electrónico forma parte ya indispensable de las comunicaciones contemporáneas. Más allá de los negocios, hay muchas personas que gracias a ese recurso se comunican frecuentemente con amigos y familiares con los que antes solo tenía esporádicas charlas telefónicas. La gente ya no escribía cartas. Ahora en cambio, son cada vez más quienes intercambian aunque sea unas cuantas líneas en lo que se convierte en pausadas pero precisas conversaciones electrónicas.

Ritmo propio

Los mensajes por correo electrónico no suelen tener la densidad argumental, ni la reflexión en extenso que solía caracterizar al género epistolar. La comunicación instantánea impone ritmos, y también formas, a la nueva correspondencia. Salvo excepciones, la escritura de e-mails prescinde de los saludos, las presentaciones y los formalismos de la correspondencia ordinaria.

El mensaje electrónico es directo: va al grano incluso de manera tan ríspida que hasta el lenguaje comienza a cambiar. En el correo electrónico se emplean abreviaturas y siglas y muchos consideran que es de mal gusto extenderse demasiado. Pocas líneas, son garantía de una lectura dinámica y precisa. Sin embargo, también suelen serlo de pobreza de ideas y de razonamientos simples.

El e-mail comunica un hecho, o unos cuantos datos. Cuando alguien se extiende en la explicación de un asunto, es frecuente que ofrezca disculpas como si estuviera abusando de su interlocutor electrónico.

¿Privacidad?

La principal limitación del correo electrónico, radica en la virtual desaparición de la privacidad. Cuando uno habla por teléfono, es frecuente suponer que la línea puede estar intervenida. Sin embargo, en el correo electrónico a menudo se nos olvida que nuestro mensaje se puede perder o incluso, puede llegar a un destinatario indeseable.

Las transacciones financieras aún no son del todo seguras y quizá jamás lo sean. Los mensajes privados, siempre pueden ser leídos por alguien además de su destinatario.

Un amigo mío tenía una novia a través del correo electrónico. Intercambiaban recados cada vez más tórridos. El romance terminó cuando la esposa de mi amigo llegó a la oficina en donde él trabaja y, curioseando, abrió el programa de correo electrónico en donde estaban almacenados esos comprometedores mensajes. Luego les cuento cómo quedó el ordenador.

. ¿"Emailearías" a Meg Ryan?

 

"Los correos

electrónicos no

tienen la

densidad que

caracteriza al

género

epistolar"

 

.Epístolas con estilo directo.

 

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