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CALLE 22

Articulo cedido por la revista Colombiana
Calle 22.com
 

La Próxima aparición de la Warner EMI Music
Una moneda de dos caras

Nació un nuevo gigante. La alianza entre EMI Group y Time Warner, más allá de los análisis en cifras, es una moneda de dos caras. Por un lado, acelerará el desarrollo de la música por Internet pero, por otro, es posible que imponga sus criterios al mundo entero y estimule la formación de otras dictaduras musicales.

Por Chucky García (10-2-00)

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Aún faltan más de cuatro meses para que los accionistas de la multinacional discográfica EMI cierren definitivamente su negociación con el coloso de moda, Time Warner. Sin embargo, los entendidos ya perdieron toda la prudencia y se dedicaron a fantasear con los pronósticos económicos de esta nueva alianza.

Es lógico: a mediados de este año la disquera de origen británico se fusionará con la norteamericana y también multinacional Warner Music, pieza vital del gigante mediático Time Warner, y sus ventas conjuntas romperán el estimado de los 8.000 millones de dólares anuales.

El aproximado de estos ingresos no resulta de un complicado ejercicio aritmético sino de la simple apreciación de la fuerza de sus millonarias y experimentadas operaciones en el mercado discográfico.

Proyectándolas hacia un futuro inmediato, no se necesita ser clarividente para calcular que en esta nueva empresa conjunta de 20 mil millones de dólares y 2.500 artistas, el dinero vendrá hasta por inercia: un día después del anuncio de su fusión, las acciones de EMI se dispararon un 25% en la bolsa de Londres.

Vecinos del barrio

Hace unas pocas semanas, Time Warner traspasó los límites de sus terrenos operativos después de venderse a uno de los monstruos de Internet, AOL, y ahora repite podio con el anuncio de la próxima aparición de Warner EMI Music, su hijo con EMI Group.

Como en muchas parejas modernas, el niño ha nacido antes del matrimonio. Éste, además, resulta privilegiado si se mide la envidia que está infundiendo entre los vecinos del barrio.

El mismo día en que se pactó el primer acuerdo de su boda, el pasado lunes 24 de enero de 2000, el primogénito se convirtió en la mayor firma discográfica del mundo, desbancando del primer lugar a la negociación que el año pasado ejecutó Seagram, de propiedad de Universal Music Group, al comprar a la discográfica PolyGram.

No resulta tendencioso asegurar que el desarrollo físico del "pequeño" Warner Emi pondrá en rídiculo a los demás chicos del vecindario. Cuando saque a relucir todos sus juguetes en público, sobre todo uno llamado Internet, seguro que será necesario reescribir todas las cifras anteriormente citadas. Y, de nuevo, el juego se pondrá a su favor.

A pesar de la fusión, tanto EMI como Warner Music continuarán trabajando como discográficas separadas. Time Warner tomará el control operativo de Warner EMI Music como parte del acuerdo, pero EMI podrá seguir multiplicando sus ventas por separado. Sus sedes principales estarán operando en las ciudades de Nueva York y Londres, y desde allí se planeará su campo de acción virtual y no virtual, proyectado a más de 70 países en el mundo.

Desarrollo comercial

Internet es el motor de las predicciones económicas alrededor de la nueva alianza, por encima de los suspiros de los melómanos que desde ya, esperan el día en que entre los Rolling Stone (EMI) y Madonna (Warner) no existan mayores distancias. Las cláusulas iniciales que regirán el desarrollo comercial de Warner EMI Music sitúan a la red virtual como su principal canal de distribución y venta. Más aún cuando se deduce que utilizará la vasta estructura de comercio y difusión online que hoy comparten AOL y Time Warner (y de la que hacen parte más de 20 millones de abonados).

Mientras que multinacionales discográficas como Sony y Universal Music siguen metidas de cabeza en la búsqueda de una comercialización conservadora de su música por Internet, Warner EMI Music ha anunciado una oferta incondicional para los ciberconsumidores. En el sistema AOL-Time Warner, por ejemplo, éstos tendrán significativos descuentos y accesos "V.I.P" a primicias musicales en Real audio, MP3 y Video player.

Además, todo el material de promoción, difusión y merchandise de los artistas que entren a formar parte del catálogo de Warner EMI Music ­que estará compuesto por más de dos millones de canciones-, será puesto a disposición de los 13 millones de abonados que tiene Time Warner en los Estados Unidos a través de sus redes de televisión por cable y de los 100 millones de suscriptores que posee en sus publicaciones impresas (Time, Fortune, Life, People, etc).

¿Podría afirmarse que un artista fichado por Warner EMI Music tendrá 130 millones de personas como punto de partida para su promoción?

Anuncios publicitarios

Quizá. Pero el cálculo está por debajo de las expectativas. Las cifras oficiales hablan de que la fusión entre AOL y Time Warner ha generado, a través de sus nuevos productos y servicios, un mercado potencial que estaría conformado por más de 1.000 millones de personas, que seguro no tendrán cómo escapar de los anuncios publicitarios de los nuevos álbumes, video clips y demás.

Con las cosas de este modo, hasta para cualquier persona con menos de dos dedos de frente, es claro que a mitad del año los accionistas de EMI Group pondrán su firma en el acuerdo definitivo. Mucho más cuando el control operativo que busca Time Warner les representará una ganancia adicional de 1.000 millones de dólares.

Lo que no se puede dejar de pensar, de ningún modo y contra la euforia de las expectativas, es que los términos de esta aventura macroeconómica también suponen una fantasía con horma de pesadilla. El futuro artístico de la historia de la música quedará comprometido con la inmediatez, el impacto visual y los formatos más simples, digeribles de ipso facto, fáciles de promocionar y acordes con las estrategias publicitarias del gigante y no con las intenciones musicales del artista.

Si ocurre, como se prevé, que la fusión entre Time Warner y EMI produzca otras alianzas agresivas o similares, la competencia puede ser estrecha. Un pequeño número de monstruos transnacionales se disputará la torta y en términos musicales es de esperarse que no haya demasiados espacios fuera de los parámetros oficiales dictados por las grandes compañías.

El tipo de negociación sin intermediarios que implementará Warner EMI Music se impondrá como el primer concepto revolucionario en la forma de mercadear la música del siglo XXI. Las relaciones serán tan directas entre la oferta y la demanda, y estarán rodeadas de un conglomerado de comunicaciones de vanguardia tan fuerte, que no importará el control de calidad sobre la música. Sólo si un artista pertenece o no al conglomerado. Eso bastará para que sea importante y para que tenga éxito.

La idea del "nuevo artista" quedará ligada a la capacidad que tenga para interactuar y para adaptarse a las condiciones de este remolino del consumo. No a la de una escala de valores musicales.

Percepción del público

La composición musical podría entrar en una etapa de desarrollo bastante predecible ­mucho más que ahora-, similar a la que hoy viven los músicos o intérpretes de jingles publicitarios. Los sonidos deberán adaptarse al medio que los difunde (como ocurre con los jingles para radio y televisión), y entre más grande sea el campo de acción que deben cubrir, más endeble será su capacidad para profundizar y experimentar. Y eso es como decir que una nueva canción tendrá que ser compatible no sólo con la radio y la televisión, sino con la Internet, la televisión por cable, la telefonía celular y los editores de la Time, entre otros. Esto, además, implicaría una paulatina generalización del gusto y la percepción del público.

Por supuesto, una de las dudas más importantes que surge en este panorama es si, por ejemplo, las políticas editoriales de los impresos del conglomerado cuestionarían alguna vez las políticas artísticas de los productores musicales. O si, por el contrario, cada lanzamiento se convertiría en una estrategia múltiple de medios. La responsabilidad de renovar las dinámicas de la creación musical recaerá entonces en las compañías y artistas independientes, que de seguro encontrarán en los nichos locales la posibilidad -tal vez única- para desarrollarse.

Esta no será, de seguro, la quintaesencia. El oficialismo terminará por imponerse, al menos en el mercado estadounidense y europeo y, por ende, en Asia e Hispanoamérica. Incluso, el bombardeo a quema ropa de los medios digitales puede ser tan fuerte que afecte las futuras políticas de contratación artística. Tal vez ya no importe quién lo hace bien en un escenario. Quizá no esté lejos el día en el que se fichen músicos exclusivamente para Internet.

. La idea del "nuevo artista".

 

 

"El catálogo de la Warner EMI Music estará compuesto por más de dos millones de canciones"

 

 

 

.La industria discográfica está cambiando

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