Por Chucky García

Chucky García es director de la agencia Press Riot y colaborador de Bitniks

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Miami apesta!

31-05-01

La escena musical hispanoparlante -especialmente latinoamericana- que se ha instalado en Miami es tan postiza como el trasero de Ricky Martin y tan irrelevante como la relación entre el chulo Puffy Daddy y su empleada estrella, Jennifer López. Considerada ingenuamente como la "Capital de la Música Latina", no es otra que la casa de publicitados productores y "divas" de bronceado color caramelo, que en conjunto trafican con ideas musicales socavadas de los patrimonios musicales de los países de la región.

Maniqueistas Grammys Latinos

El hecho sigue impune, más aún cuando la estadounidense Naras (siglas en inglés de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación) ha elegido a Miami como la nueva sede de la segunda ceremonia de los Grammys Latinos (12 de septiembre de 2001), una premiación a través de la cual la industria latina de la música en serie busca sentirse menos miserable y más competente frente a su homóloga norteamericana.

Lo contradictorio -e irónico del caso- es que los Grammys Latinos pretenden crear conciencia de consumo entre los ciudadanos de habla inglesa con relación a los productos musicales en español que circulan en Estados Unidos, pero no tiene ningún tipo de política para promocionar a los artistas latinos o hispanoamericanos fuera de Miami, es decir, dentro de sus propios países.

En una serie de conferencias para artistas, medios y sellos que la Naras organizó de forma reciente en los países latinoamericanos con mayor cuota de artistas con piscina en Miami, directivas de la organización que manejan los hilos de los maniqueistas Grammys Latinos sólo atinaron a reiterar la importancia de instalar en esa ciudad todas las ideas musicales que se producen en escenas como las de Sur y Centro América, para que posteriormente los restaurantes de música en cadena radicados allí como Estefan Entertainment, hicieran de ellas productos de consumo masivo en toda la patria de George Bush, sin importar que, en mucho casos, fuera necesario de hecho cantar las letras en inglés o mezclarlas con géneros estadounidenses de raíz como el hip hop.

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[ La escena musical hispanoparlante que se ha instalado en Miami es tan postiza como el trasero de Ricky Martin y tan irrelevante como la relación entre el chulo Puffy Daddy y su empleada estrella, Jennifer López.]