Por Jesús Rocamora Holgado

J. Rocamora es licenciado en Derecho por la UCM y colaborador de la revista de música IndyRock

¿Quieres mandarle un e-mail ?
'Radiohead' y GYBE!
el lamento de una sociedad paranoica
12-06-01

Tal y como se presentan las cosas hoy día en el panorama musical, donde se impone la idea de entender la música como una industria provista de un mercado propio, regido por los principios de máximo beneficio en un público lo más amplio posible, es de agradecer algunas excepciones a la regla que suponen un soplo de aire fresco en la viciada cámara de las discográficas.

Al margen de las pequeñas 'labels' independientes, que como tales tienen grandes limitaciones en la promoción y distribución de sus productos fuera de su reducido ámbito, hay también intentos desde el seno de las 'majors' para reivindicar ejercicios de libertad creativa por encima de rígidos términos y plazos contractuales.

En la actualidad creo importante no separar el confuso y manido término de "independencia" de otros a los que debe ir unido indisolublemente: actitud del músico y credibilidad de su obra. Ejemplos que ilustren esto los hay en abundancia, si bien para encontrarlos es necesario escarbar un poco en la superficie. El año pasado nos entregó dos estupendos ejercicios de independencia real, en los que actitud va acompañada de una buena dosis de concienciación, con distinta forma pero idéntico fondo.

El primero de los casos fue 'Kid A', del grupo inglés Radiohead. Ya en su anterior trabajo, 'OK Computer', fue capaz de reflejar el lamento de una sociedad paranoica que, como androides, se perdía por autopistas asfaltadas y digitales, y cuyo credo, que repetían de memoria, estaba formado por la normativa interna de la multinacional de turno.

También encontramos crítica política, especialmente al sistema electoral del todo-vale-si-consigo-con-ello-tu-voto, y la licencia literaria de tomar prestado el término Karma Police o Policía del Pensamiento del libro "1984" de George Orwell para construir una canción de cuna con aroma a ciencia-ficción.

Arreglos free-jazz

'Kid A' supuso un arriesgado paso adelante desde la discográfica Parlophone, en el que la bofetada no vino de manera explícita desde las letras, sino a través de la música: lo tradicional no sirve, hay que experimentar. Se olvidan las guitarras, o permanecen sonando a todo menos a guitarras, para elaborar gélidas texturas electrónicas (deudoras de muchos de los trabajos del sello Warp), e incluso se atreven con arreglos free-jazz.

El discurso de Godspeed Your Black Emperor!, colectivo canadiense abierto continuamente a nuevos miembros, con un ideario anarquista e individualista y múltiples proyectos contraculturales que giran alrededor del sello Constellation, es igual de pesimista, si bien mucho más apocalíptico.

Si en 'Kid A' el grupo de Oxford decidió desprenderse de las guitarras, el lastre del que se libera GYBE! en su disco 'Lift your arms like antennas to heaven' es, ni más ni menos, que la palabra, dando el protagonismo a ambientes musicales. Su capacidad para expresar sensaciones gracias al uso de guitarras, violines y cintas que recitan mensajes es, sencillamente, excepcional.

Lo que consiguen crear son bandas sonoras imaginarias, un concepto también usado con poco acierto, gracias a cambios continuos de ritmos, melodías y velocidad. En un primer momento contienen la rabia para, un segundo después, dejarla estallar en muros de sonido, controlando espirales de ruido y desarrollando crescendos ilimitados. Es la belleza del ruido, insultante y combativo; la rima entre el caos y la belleza.

En ambos casos, la música se convierte en medio para transmitir un concepto o una idea universal gracias a trabajos que rebosan una actitud frente al mundo imperfecto y que es lo que les dota de credibilidad para los oyentes. Se trata, en definitiva, de la intención que hay detrás de toda expresión de arte: transmitir sensaciones en el destinatario sirviéndose de un canal diferente para ello.

Más información

'Radiohead'


[ En un primer momento contienen la rabia para, un segundo después, dejarla estallar en muros de sonido, controlando espirales de ruido y desarrollando crescendos ilimitados. Es la belleza del ruido, insultante y combativo; la rima entre el caos y la belleza.]