Por Chucky García

Chucky García es director de la agencia Press Riot y colaborador de Bitniks

¿Quieres mandarle un
e-mail?
Página II

Por ende, también se trata de advertir que la prostitución mental de estas gritonas y autoproclamadas "divas latinas del pop" está dejando una herencia de desinformación y poca autoestima entre las artistas que les siguen, donde ya no basta con emular descaradamente a las de afuera sino a las propias, copias tergiversadas de las primeras. Estamos hablando, finalmente, de que dichas"divas" serán el punto de partida para copias de tercera generación que, irónicamente, terminarán por quitarles el pan de la boca.

En la cama con Madonna

El caso de Paulina Rubio concreta detalles. Hoy triunfa en el continente americano y se promociona en el ibérico envuelta en la bandera de la revelación y todo lo referente a un sex symbol, mientras ella se contonéa -sin ni siquiera sonrojarse- con los pantalones y las gafas de otra copia de segunda generación: Jennifer López. En el último álbum de la Rubio, además, se utilizaron las mismas estructuras y arreglos electrónicos que los productores Mirwais Ahmadzai y William Orbit introdujeron en el Music de Madonna, y se instaló un elenco de mariachis de fondo porque, según la errónea creencia popular al interior del continente americano, la música ranchera agrupa fraternalmente a más de una decena de países diferentes.

Habría que estar más que ciego para no darse cuenta que la Chica de Oro, incluso, ha decidido reciclar a su populista modo la húmeda y vendedora época de 'En la cama con Madonna', y como prueba reina allí están los videos de moda de la Rubio, llenos de coreógrafos y bailarinas forradas en cuero que sujetan y recorren su cuerpo sin saber de qué se trata, con lo que al final más que una orgía simulada parece una lucha real de enanos en el lodo.

Si Frank Sinatra hubiera sido travesti y hubiera tenido éxito entre la gente menor de 60 años, no pongan en duda que Paulina Rubio llevaría su peluca, su cartera y sus tacones. Eso, en el caso de que Sharira y los demás miembros vitalicios de la "Sociedad Xerox" no hubieran olvidado estos objetos en el camerino de aquella gran carpa donde ellas, y los payasos, se disfrazan cada noche con el neceser de la mujer barbuda antes de subir al escenario.

 


[ Si Frank Sinatra hubiera sido travesti y hubiera tenido éxito entre la gente menor de 60 años, no pongan en duda que Paulina Rubio llevaría su peluca, su cartera y sus tacones.]