Por Chucky García

Chucky García es director de la agencia Press Riot y colaborador de Bitniks

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En este sentido la historia no miente, y a la hora de hablar de sendas caricaturas al respecto no hay necesidad, ni siquiera, de referirse a la progenitora represiva que aparece en el cartoon de Johnny Bravo. Basta con los ejemplos reales como el de Sid Vicious, a quien no lo mataron los excesos del punk pero sí una dosis de heroína barata ofrecida por su propia progenitora.

Imagen de Barbie

Si quieren más pruebas, recuerden también que fue la advertencia de la madre de Kurt Cobain ("No te unas a ese estúpido club de suicidas") la que invitó de una manera más decidida al ídolo de Seattle para acabar con su vida, y de paso con la de la llamada música grunge.

Las madres de Tupac Shakur y Notorius B.I.G., por su parte, hoy lamentan que sus hijos se hubieran enfrentado a muerte por la dirección única del gansta rap, pero al mismo tiempo cobran los jugosos cheques que dejaron sus testimonios artísticos. Hoy día lo mismo da si la guerra fundamentalista entre los extintos raperos de Los Angeles fue con ametralladoras o balones de baloncesto, ya que la Tupac Mom y la Big Mom (no confundir con la Big Mac aunque el tamaño sea similar) se han encargado de darle un único destino final a sus historias: sus carteras de compras.

Sin duda alguna, si Keith Richards y Mick Jagger en vez de putas y modelillos se acostaran con sus propias mamás-manager, de seguro que su cuenta en el banco no daría para más de un divorcio.

O si no pregúntenle a Tamara cómo la sombra de su Margarita a empeorado, aún más, su imagen frente a los críticos, que no le perdonan que además de una imagen de Barbie trasnochada y ochentera resulte "alimentada" por los sabrosos potajes de mamá.

Lleva a tu madre en tu corazón pero aléjala del tocadiscos, para que al final del día no termines llorando solo en tu habitación mientras repites: "No cambié, no cambié, no cambié... Fue mamá quien me cambió".

 


[ Lleva a tu madre en tu corazón pero aléjala del tocadiscos, para que al final del día no termines llorando solo en tu habitación mientras repites: "No cambié, no cambié, no cambié...]