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Shakira
Por un puñado de dólares

Bogotá [27-06-02]
La nuera de la corrupción argentina, a pesar de tener servicio de lavandería y clientes de lujo como la revista Rolling Stone, lleva sucios sus famosos pies descalzos. Y todo por dinero.

Shakira es una lavadora. Lavadora de los dólares que la familia de su novio despilfarra a dos manos fuera de la Argentina y lavadora de la ropa sucia que el star system de Norteamérica desecha, ropa sudorosa de atléticos galgos como Britney Spears a quienes los apostadores de la industria del disco pusieron a correr, a su favor, en la pista del dinero fácil y tras el irreal conejo del éxito.

Rolling Stone

Su álbum Laundry Service escrito a dos manos con Antonio de la Rúa- no sólo hace referencia al estilo de vida de clase media donde Shakira está cazando adolescentes y adultos incautos para socavarles algunos dólares, sino a la "identidad artística" que verdaderamente hoy la referencia. Dejando de lado los elogios desmedidos de magazines como Rolling Stone, la música actual de Shakira es la versión engañosamente limpia y con olor a lavanda de algo que ya se usó, algo que conocemos desde tiempo atrás y que pretendemos concebir como nuevo a través del detergente, el suavizante y el agua tibia.

Shakira es, valga la repetición, la sonora canasta de una lavadora repleta de prendas ajenas: en ciclo de lavado rápido (como le gusta al consumidor promedio), se encuentran allí la peluca rubia y los videos de la Spears, las pantaletas y brasieres de Alanis Morissette y las cuerdas vocales y melodías de Jewel. Un pasaporte colombiano, un mariachi, un tango, una danza libanesa y una canción a la capital española completan el interior del húmedo recipiente giratorio, dispuesto así por alguien que encontró rentable hacer populismo desde su rol de cronista urbano, no sólo en su propio país sino en la tierra del Diego o en el aeropuerto de Barajas.

Te dejo Madrid

Te dejo Madrid, para quienes aún no se enteran, no es un homenaje: es la impresión de una niña pija que hace shopping para no aburrirse de tedio durante una escala, el himno de una guía de compras que regalan con un alquiler de auto o un jingle subliminal para hacer que la pareja de cada cual no sólo pague los gastos de boutique sino que cargue los paquetes al salir de la tienda.

Shakira hoy aparece sentada en las piernas del Tío Sam, mientras recibe golpecitos de espalda del jurado de los premios Grammy, un pedazo de la torta de cumpleaños de Steven Taylor (de Aerosmith) y la venia falsa de muchas otras personalidades públicas que se han contagiado con la epidemia de altruismo fashion que ha causado el Plan Colombia en el mundo.

Pero donde ayer hubo talento y la oportunidad de dejar una puerta siempre abierta para proyectar la calidad y la diversidad que actualmente posee buena parte de la música hispanoparlante, hoy tan sólo existe la reivindicación de una fórmula artística "In Pop We Trusth"- y una pequeña puerta con talla de mascota para todos aquellos artistas que se quieren arrodillar y entrar a pelearse las sobras que quedan en la cocina de la industria estadounidense de la música.

Sobras jugosas -a juzgar por las mafias que tras estas han creado un clan como el de los Estefan- están lejos de tener, de todos modos, el mismo valor "nutricional" en términos de difusión estable- que tienen aquellos platos principales que se tragan los comensales que llegan por la puerta principal a dicho mercado, casa de muñecas que sin duda es el principal del mundo.

Cartel de Miami

Este desequilibrio, sin embargo, sigue siendo planteado por los grandes medios de comunicación de habla hispana como algo que se puede nivelar a corto plazo, ya sea a través de la famosa y farsante "latinoamericanidad en voga" que se inventaron los propios Estefan desde su cartel de Miami, o por una "hispanoamericanidad en voga" que, contradictoriamente, le hace creer al espectador que la expresión musical en castellano necesita del Whevever, wherever o el Underneath your clothes para poder ser invitada al show de David Letterman.

Letterman y la revista Rolling Stone podrán ampliar el número de clientes que lava su ropa en el Servicio de Lavandería de Shakira, mientras publican lo bien que le quedan los pantalones de cuero que tomó de Madonna y olvidan que la artista suramericana, quien antes se preguntaba ¿Dónde están los ladrones?, ahora come sushi en Europa con los corruptos que matan de hambre a la Argentina. Pero no podrán borrar las huellas sucias que hoy dejan sus Pies descalzos, pasos que ayer estaban limpios y que, como en las peleas de barro entre mujeres que tanto enarbola el estilo de vida norteamericano, se untaron de lodo por un puñado de dólares.