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Douglas Ruskhoff
Escritor Autor de "Cyberia" y "Extasis Club"

"Estamos programados para la sumisión"

El neoyorkino Douglas Ruskhoff se ha estrenado en el género novelístico con "Extasis Club", un relato sobre cultura rave, paranoia y espiritualidad psicodélica, en definitiva, un retrato actual de cierta juventud perfectamente reconocible. Ruskhoff es periodista, especializado en tecnología, y colaborador habitual de "The Guardian" y "The Australian". Anteriormente había publicado "Ciberia", "Media Virus", "Los niños del caos" y "El lector de la Generación X" y "Stoned Free", todos ellos ensayos sobre cultura, medios de comunicación y tecnología.

¿"Extasis Club" supone un nuevo paso en su carrera?

Intento no pensar en mi trayectoria como escritor como en una carrera. La palabra carrera tiene connotaciones de dinero y popularidad. En todo caso, es cierto que escribir una novela supone un nuevo paso. Yo empecé como director teatral, así que tenía una gran experiencia en labores de ficción, haciendo compartir ideas y acción dramática. Pero no había escrito nada realmente extenso en el terreno de la ficción. Disfruté mucho con "Extasis Club" porque desarrollé una serie de realidades que hubiera sido mucho más difícil de reflejar en un ensayo. Habría mucha gente que se sentiría molesta y tendría que justificar con datos cada idea. En la ficción puedo disponer de unos personajes a los que atribuyo una serie de ideas que pueden ser o no válidas, pero que son útiles. A veces, el mero suponer es enriquecedor en sí mismo.

¿Los personajes están basados en gente real o son entonces meros encarnadores de un mensaje?

En principio ninguno está basado en personas reales, pero en cierto sentido podría afirmar justo lo contrario. Quiero decir que aunque no haya una relación directa de personaje a individuo real. Pero hay muchos aspectos de un montón de gente que conozco, incluso de algunos famosos. Parte de la esencia del libro es que la gente se pregunte cosas. Es un libro sobre la paranoia y una forma de atrapar al lector en esa energía conspiratoria es conducirle a adivinar quién puede estar basado en quién.

¿Su novela es puramente americana o universal? ¿No cree que la tecnología supera de alguna forma el concepto nacional porque conecta gente y nos ayuda a entender a otros?

Bueno, en principio tengo que decir que entre americano y universal hay un gran salto. Pienso que mi novela es más que nada internacional, quizás más inglesa que americana en realidad. De hecho se han vendido más ejemplares en Gran Bretaña que en los EEUU. Pienso que la novela no versa sobre tecnología, sino más bien acerca de la evolución cultural y actitudes de ahora. Ayuda a entender aspectos "rave" y la psicodelia, pero en realidad ello no es muy americano. Quizás habría que preguntarse si es psicodélica o universalista.

En todo caso, la tecnología sí que erosiona el sentido de nacionalidad, por lo menos en una primera etapa. En la Red, por ejemplo, los referentes geográficos o raciales, al igual que los nacionales en general, parecen bastante artificiales. Pese a todo, el idioma es una barrera. Y estoy seguro que todo el inglés de la Red da una sensación a cierta gente de que los americanos la están conquistando.

En su obra usted escribe sobre gente y su relación con la cultura. ¿Qué papel juega la tecnología en el proceso?

La tecnología es la cultura de hoy. Otorga intimidad y expresa una cierta forma de naturaleza. No siempre ha sido así. Originariamente la tecnología servía para subrayar ciertas hechos naturales. Creamos la luz eléctrica para combatir la oscuridad y el ritmo del ciclo noche día. Volamos en aviones para romper las distancias transportando nuestros cuerpos fuera de los ritmos que hasta entonces nos acompañaban.

Hemos desarrollado píldoras, desde la dexidrina a la melatonina para convencer a nuestros cuerpos de lo contrario de lo que sienten. En este escenario, la naturaleza era nuestra enemiga y nosotros nos defendíamos con la tecnología. Pero ahora, gracias a su complejidad y la introducción de elementos interactivos, como ocurre en Internet, la tecnología es algo mucho más vivo. Ahora sí permite el ritmo natural y el desarrollo de la cultura. Bien sea Internet, el "rave", las drogas o la física cuántica, lo cierto es que la ciencia y la tecnología están impulsando cambios contraculturales y expectativas novedosas. "Extasis Club" habla de esos dos aspectos de la tecnología, como defensa y avance, y de lo difícil que supone algunas veces saber en qué sentido se está usando.

En los setenta el slogan era "sexo, drogas y rock & roll. ¿En los noventa no es lo mismo sólo que también hay sida, las drogas son de diseño y la música es tecno?

Es curioso, pero hace diez años la gente me preguntaba si en los noventa se iba a volver a los sesenta. Ahora, como los periodistas son más jóvenes se me pregunta si volvemos a los años setenta. Ni a lo uno ni a lo otro o, si se quiere, a los dos. El sexo las drogas y el rock & roll siempre han sido instrumentos para buscar experiencias éxtaticas. Siempre hay algún "Extasis Club" funcionando por ahí. Ocurre que a veces el entorno cultural dominante es demasiado opresivo para que la gente lo encuentre. La cultura rave ha dejado ver, por un breve instante,esta pulsión extática mediante los medios de comunicación.

Uno de sus personajes afirma que la religión se construye alrededor de la idea del sufrimiento. ¿Está de acuerdo?

El personaje dice que es así como nacen la mayoría de los cultos. La gente que sufre emocional o psicológicamente tiende a buscar una religión que le ayude a huir del mismo o una filosofía que lo justifique. Más que luchar contra ese sufrimiento, se busca una explotación del mismo como servicio al líder del culto o a su misión.

¿La visión cyberpunk del futuro está agotada? Bruce Sterling decìa que sólo sobreviven los autores,pero que el cyberpunk había muerto.

No sé exactamente lo que Sterling quería decir. Mi impresiòn es que la visión cyberpunk es innecesariamente oscura. Estos autores parecen creer que aunque la tecnologìa se desarrolle, la naturaleza humana permenece básicamente igual y que esa naturaleza humana es bastante maligna. Yo tiendo a pensar que según cambia la tecnología lo hace también el ser humano. Desarrollamos Internet y entonces debemos aprender a comunicar mejor y a tolerar las diferencias. Así que las nuevas tecnologías abren nuevas formas de comportamiento. No desarrollaremos nuevas tecnologías para perjudicarnos horriblemente unos a otros.

¿Cuál es el momento de la sociedad americana? Desde aquí parece una combinaciòn de guetos, granjeros ignorantes, expertos en informática, magnates, telepredicadores y Madonna. Todo a la vez.

No sé si se trata de todo ello. Somos raros, pero como lo es todo el mundo. Ocurre que tenemos más espacio -geográfico y mediático- para explorar y expresar nuestra extraña naturaleza propia. Y todo lo que ha mencionado son como sueños. Proyectamos elementos en los medios y en la cultura popular de forma colectiva. El show de Oprah Winfrey puede parecer una locura, pero son las cosas que soñamos cada noche.

¿Qué autores le interesan? ¿Algún español?

Me gustan algunos clásicos como Unamuno y Galdós. También me ha interesado Borges. Estudié algo de poesía medieval española en Princeton y me gustaron algunos poetas místicos. En la literatura anglosajoana, me han interesado Thomas Hardy, Milton y algunos de los autores ingleses que escribieron sobre personajes que afrontan situaciones en las que deben autointerrogarse. En la actualidad, me gusta Neal Stephenson, los primeros trabajos de Don Delillo, Pynchon y también Jeff Noon se encuentra entre mis favoritos.

Cuéntenos algo de su propia novela.

Se llamará "Los Toros", y versará sobre una conspiración económica global. Es todo lo que puedo decir por el momento. Fuera del género de ficción tengo un libro para publicar, se titula "Ellos dicen" y trata de cómo estamos programados para la sumisión.