E  N  T  R  E  V  I  S  T  A  S  

 


Texto:
Julián Diaz Goicuria

Foto:
Antón Goiri
  Entrevista Vicente Verdú Pag. 2 de 4

¿Cuál es su opinión sobre el debate que sobre Internet usted y otros articulistas abrieron en El País Digital?

Ha habido aportaciones de todo tipo, pero, es indudable, la gente que tiene experiencia en Internet, en España, tiene una experiencia personal muy positiva, lo cual es muy natural. Si alguien tuviera una mala experiencia como usuario de Internet, no seguiría haciendo uso de ella. Hay gente también que piensa en Internet de una forma apocalíptica como un reino para las grandes marcas, etc. Yo creo que estamos todavía lejos de eso.

¿Y no cree que en EEUU puede servir de integración a una sociedad progresivamente fragmentada con minorías marginales, etnias hispana y negra, y otra predominante como la anglosajona? Ya sabe, en Internet, como reza el chiste, nadie sabe que eres un perro...

El punto de integración sería que te comunicaras con ellos si supieras quienes son. De lo contrario, no es un punto de integración, sino un punto de fragmentación más que de partes enteras.

Ese tipo de fragmentación es el que aplica a un estereotipo de supuesto consumidor compulsivo de Internet, que renuncia a darse un paseo por la playa o a interrelacionarse directamente con otra gente. ¿No sería más prudente pensar en la conjugación de ambas actividades?

En "Etica para Amador", Fernando Savater, cuando llegaba al asunto de las drogas no las demonizaba. Venía a decir que era una experiencia que uno elije y que si el deseo es probarlo para tener una experiencia paranormal a través de un alucinógeno, o eufórica mediante un estimulante, estás en tu derecho, porque se trata de una de las opciones, con sus costes, que la vida ofrece. Lo que si quedaba claro es que hacerse un consumidor de drogas habitual impide el acceso a otros consumos, porque quien depende de la droga solo piensa en volver a conseguirla. Y así se pierde toda una serie de actividades como pueden ser el deporte, los amigos, el cine, las relaciones sociales...

Pero si comparamos Internet a una droga, ¿de qué hablamos, de tomar un vino o de inyectarse heroína?

Si la gente se engancha a la heroína o a la cocaína es porque hay carencias de otras cosas. O se es muy tonto o muy desgraciado. De la misma manera, engancharse mucho a un tipo de comunicación a través de Internet significa que se tiene mucha necesidad de comunicación. De todas formas, oponerse a Internet sería tan grotesco como oponerse a cualquier nueva oportunidad.

Otro argumento habitual contra Internet es que aumenta las diferencia sociales. Se supone que el usuario medio americano es un blanco anglosajón y protestante con un sueldo anual de 12 millones de pesetas.

No creo que sea culpa de Internet. En el mercado hay una muy buena medicina privada que vale dinero y a la que tienen acceso los que tienen más cuartos. De la misma manera, esto es un medio que requiere un precio, disponer de un teléfono, un ordenador, un módem, pagar una cuota y, en muchos casos, conocer el idioma. Eso coincide con personas que tienen un nivel económico más alto. No se ofrece a todos, sino a los que pueden pagar y, en ese sentido, aumenta las diferencias.

¿Pero se puede afirmar que el que sólo unos tengan hoy por hoy acceso, perjudica al resto?

Si queremos hablar de perjuicios, podríamos decir que no se trata de un progreso democrático, lo que además es una definición "per se" de progreso. El progreso nunca ha sido para todos. En primer lugar ha sido para pocos y después se ha ido extendiendo y algunas veces hasta un punto y luego no se ha extendido más.

En la era de la información, hay quien defiende que la tecnología digital es una nueva gran fuente de riqueza

Creo que es positivo que se progrese. Actualmente hay estudios que que calculan que un 75% de los trabajos que emplean mano de obra podrían ser sustituidos por máquinas. Las máquinas no sólo son robots de acción repetitiva, sino que son cada vez más interactivos con una aplicación creciente de la inteligencia artificial... Ha habido sucesivas revoluciones. La llegada de la electricidad en los años veinte, por ejemplo, fue decisiva para reducir la jornada de 80 a sesenta horas. La gente trabajaba menos, tenía en teoría más tiempo para sí. El siguiente paso fue la revolución tecnológica posterior a la Segunda Guerra Mundial, que rebajó la jornada a las 40 horas semanales y ahora problablemente, con la informática, estemos en condiciones de rebajarla todavía más. Creo que estamos en un punto crítico en el que todavía no se ha asumido que esa potencialidad de la tecnología a través de la informática puede proporcionar a la gente una mejor calidad de vida. Lo que de momento se está haciendo es desplazar puestos de trabajo y destruyéndolos.

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"Engancharse mucho a un tipo de comunicación a través de Internet significa que se tiene mucha necesidad de comunicación"
 

 
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