E  N  T  R  E  V  I  S  T  A  S  

 


Texto:
Julián Diaz Goicuria

Foto:
Antón Goiri
  Entrevista Vicente Verdú Pag. 4 de 4

¿Cuál es su relación anímica con los EEUU?

Es un país muy divertido. Es un espectáculo en tantos aspectos... Como periodista es un disfrute. Ser corresponsal en EEUU es lo más entretenido y lo más fácil por la cantidad de noticias que produce la sociedad. Pero si se trata, como viene haciéndose, de copiar el modelo de sociedad y de encontrar sus valores el dinero, el afán de lucro, el trabajo sobre todas las cosas y su tendencia a vencer a los demás en este mundo..., pues yo eso no lo quiero para mi país. No es que lo odie, lo rechazo.

En su ensayo usted hace gala de cierto sentido del humor, a veces muy negro. Habla de Rocky Carrone, que a los dos años pesaba 175 kilos, hombres que incluso son emasculados...

Si en plena campaña electoral Clinton, para ganarse el voto en las comunidades negras del Sur, se pone con un berbiquí a hacer agujeros en la pared junto a Al Gore o se sienta frente a una mesita en el mismo Cañón del Colorado para el acto de la firma que lo declarará parque natural... Es que son muy cómicos. Son ellos los que ponen humor a las cosas.

En su análisis hace un gran uso de las cifras. ¿Tanta estadística no podría suponer un regate a otra realidad?

Muchas de las cifras son muy descriptivas. He seleccionado las más elocuentes. El ensayo está hecho por influencia americana. No se trata de un ensayo europeo, basado en elucubraciones y conceptos. Cuando hablas de la delincuencia puedes decir que la calle era muy oscura o siniestra, pero hasta qué punto eso es un asunto literario, no lo sabemos. Sabemos que el asunto es importante cuando se dice que el criminal americano robot es un chico negro de catorce años, cuando se cuantifica el número de crímenes o de mujeres violadas o de asaltos en las casas o de violencia doméstica... Creo que eso hace más efecto que haciendo una descripción más literaria. Y a su vez, es más americano.

¿Tal como se le ha achacado, no cree que pese a todas las diferencias, de alguna forma compartimos muchas cosas y, en última instancia, los individuos somos iguales?

No. Nosotros tenemos una cultura latina y nos parecemos más a un italiano o a un argentino. Los americanos no comparten nuestra cultura religiosa ni comparten nuestra cultura del ocio ni la del trabajo y, desde luego, nuestra cultura moral. No nos sentimos para nada identificados con ese puritanismo americano.

Con todo, ¿no cree que esa visión esperpéntica de los EEUU es homologable a la España de la foto de boda de Rociíto, con novia embarazada, novio guardia civil, madre folklórica y padre ex-boxeador?

Esos personajes forman parte del "teatro nacional" y eso ocurre en todos los países. Aquí hemos tendido a ver nuestras cosas esperpénticamente, con Valle Inclán yendo y viniendo continuamente y con una tendencia muy autodestructiva, muy autocrítica. Parece que siempre estamos arrastrando nuestra decadencia imperial, con un sentido pesimista y trágico de las cosas. Pero ese teatrillo de guiñoles está en todas partes.

Para patriotas, afirma usted, los americanos, que con suerte sitúan España al lado de Panamá en el mapamundi. Pero mañana usted se va al Yemen y puede que muchos españoles no sepan donde se encuentra este país.

No creo que aquí seamos patriotas. Todavía estamos discutiendo qué es España. No conocemos donde está el Yemen, pero hemos tenido un gran interés por el exterior porque teníamos la sensación de estar perdiendo nuestra contemporaneidad. Nuestro mundo estaba más fuera de España que en el interior. Los EEUU se sienten Dios y creen que no tienen nada que aprender de los demás.

¿No hay un excesivo rechazo a todo lo nuevo por parte de la intelectualidad española, muchas veces tecnófoba?. ¿No corremos el riesgo de que se repita aquel lema del 98 de "que inventen ellos"?

Ningún sistema está lleno de perfecciones o de imperfecciones. Los sistemas son engranajes con sus vanos y partes sobresalientes. Aquí tenemos cosas buenas y malas. Allí también hay elementos positivos, aunque no hayamos hablado muchos de ellos, como un sentido práctico que acorta mucho los caminos. Si vas a una conferencia en los EEUU encuentras poca paja, si vas a hacer un curso normalmente sirve, porque, si no sirviera, quien lo imparte no estaría allí y la persona inscrita reclamaría su importe. Son muy eficientes. El contrapeso es que son tan eficientes que están siempre buscando la eficiencia y evitan cuestiones más profundas, juegan menos con el pensamiento, del que la cultura europea disfruta más.

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Portada del libro "El planeta americano"
 

 
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