Por Miguel A.

Sabadell

 

M.A.Sabadell

es Astrofísico y

profesor de

la Universidad

de Zaragoza

 

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En busca de lo muy pequeño

Los ladrillos fundamentales del Universo

 

La idea griega de átomos indivisibles y, por tanto, elementales, desapareció con el descubrimiento del electrón. Como en las muñecas rusas, los físicos de partículas han ido abriéndolas, intentado localizar los ladrillos fundamentales del Universo.

Para estudiar la materia a esas escalas tan reducidas han necesitado construir impresionantes y costosos "microscopios" llamados aceleradores de partículas. El primero se construyó en 1931, bautizado con el nombre de ciclotrón. Desde entonces han ido apareciendo aceleradores cada vez más potentes. Y es que la investigación de la estructura interna de la materia sigue una sencilla regla: cuanto más adentro se quiere explorar, mayor es la cantidad de energía necesaria y, por tanto, mayor la cantidad de dinero a invertir.

En la actualidad, el mayor acelerador del mundo se encuentra en las instalaciones del CERN en Ginebra: el LEP (Large Electron Positron Collider). En una circunferencia de 27 kilómetros se aceleran a velocidades cercanas a la de la luz electrones y positrones -el equivalente de antimateria al electrón, con carga positiva en lugar de negativa- y se les hace colisionar. Así se producen miles de partículas nuevas cuyas trayectorias son registradas por detectores. De esta forma se descubren nuevas partículas o se busca aquéllas que predice la teoría.

Los físicos de partículas también estudian las colisiones entre protones y antiprotones. Una máquina de 7 kilómetros de circunferencia situada a las afueras de Chicago, en el Fermilab, se encarga de ello. El acelerador, llamado Tevatrón, los hace chocar a una energía diez veces superior a la del LEP. Fue en el Fermilab donde se descubrió el último quark que faltaba para completar el llamado modelo estándar de las partículas elementales. El siguiente paso es construir aceleradores donde las partículas choquen con una energía diez o más veces superior a la conseguida en el Tevatrón.

Los dos grandes proyectos son el SSC (Superconducting Super Collider) en Estados Unidos y el LHC (Large Hadron Collider) que sustituirá al LEP en Ginebra. Por desgracia, el SSC no verá la luz. El gobierno de los Estados Unidos suspendió los fondos destinados a este multimillonario proyecto y en la actualidad está durmiendo el sueño de los justos. Los físicos de partículas norteamericanos se han quedado sin su juguete más preciado y, si el proyecto del LHC se mantiene, estarán supeditados a las investigaciones realizadas por los europeos.

El problema de la estructura interna de la materia es una cuestión de Gran Ciencia: una empresa que mueve muchos miles de millones de pesetas y donde, desgraciadamente, a veces priman intereses políticos y económicos por encima de los puramente científicos.

(Próxima columna: junio 1998)

 

 

. El CERN acoge el mayor acelerador del mundo.

 

"La investigación

de la estructura

interna de la

materia mueve

muchos miles

de millones

de pesetas"

 

 

 

. El choque de partículas se realiza a velocidades cercanas a la de la luz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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